un sinfín de besos,
unos cuánticos abrazos
capaces de desafiar la distancia,
el tiempo
y las razones.
Quiero un encuentro apasionado,
los enredos inevitables de los cuerpos,
la geografía secreta
que sólo conocen las manos
cuando se buscan.
Quiero un desayuno compartido,
una cena sin apuros,
las palabras sencillas
que encuentran su lugar
entre una taza tibia
y una mirada sostenida.
Quiero la conversación de madrugada,
cuando el cansancio ya ha vencido al día
y, sin embargo,
permanece despierta,
embarcando sueños
antes de que nazcan.
Quiero dedos entrelazados,
el silencio cómodo,
la certeza de una presencia
sin necesidad de nombrarla.
Todo eso quiero.
Desconozco el orden que prefiero;
tal vez no importe.
Porque en cada uno de esos instantes,
en cada deseo pequeño o infinito,
es *con usted*
con quien quiero...
Lilian
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