“Hay historias que no se contaron.
Pero quedaron en los cuerpos.
Esta es una de ellas.”
Había una vez…
Pero nadie dijo el resto.
La galería respiraba humedad.
La pared, descascarada, dejaba caer polvo como una lluvia lenta.
Tom apoyó el cuerpo contra ella.
Pesado. Tibio.
Vivo.
—Shhhh… —le dijo, con la boca pegada a su oreja—. Yo te cuido.
El perro no respondió.
Solo clavó la mirada en la calle.
Entonces, el ruido.
Un motor que no arrancaba, rugía.
Pasos.
Golpes contra un portón que no era el suyo.
Tom no ladró.
Ella se escondió detrás de su cuerpo, hundiendo los dedos en su pelo corto, como si pudiera quedarse ahí para siempre.
—No mires —susurró—. No mires…
Pero los sonidos entraban igual.
Voces que no conocía.
Algo metálico que se tensaba en el aire.
Un corte seco.
Después, los pasos corriendo.
Luego… nada.
Un silencio tan grande que parecía haber aprendido a respirar.
La luz se encendió.
Unos brazos la alzaron.
Tom las siguió.
Esa noche, nadie explicó nada.
A la mañana, la casa de enfrente tenía las ventanas cerradas.
Como ojos.
Nadie volvió a salir.
Ella creció.
Aprendió palabras que no estaban en los cuentos.
Pero nunca olvidó eso otro.
La noche en que los perros no ladraron.
Y el cuerpo de Tom, temblando sin moverse.
“Porque lo que no se nombra, vuelve.
Y lo que se recuerda… resiste.”
“Nombrar lo que pasó es la única forma de que no vuelva a pasar.”
“La niña que fui todavía escucha…
y la mujer que soy no la deja olvidar.
Fue en marzo de 1976.”
Lilian Raquel Costantino
Plaza Huincul 24 de marzo 2026 , Neuquén Argentina
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