DE...LIRIOS...DEL...FENIX
LOS INVITO A CONOCER Y DISFRUTAR DE ESTOS DELIRIOS POETICOS DEL FÉNIX,EMOCIONES,SUEÑOS,AMORES,FRACASOS Y EL RENACER ANTE NUEVAS EXPERIENCIAS... APROXÍMENSE AL ESPÍRITU TRASMUTADO QUE INSPIRA LA POESÍA.
martes, 24 de marzo de 2026
La noche en que los perros no ladraron
jueves, 19 de febrero de 2026
AMOR: GRACIAS POR NADA
Gracias por la herida que no sangra, pero pesa,
por el silencio que aprendí a escuchar en tu voz,
por las promesas que eran solo eco de lo que nunca dijiste
y sin embargo me dejaron sorda un tiempo largo.
Gracias por el hueco con forma de tu mano
que todavía se abre cuando estoy sola en la cama,
por enseñarme que confiar también es un verbo defectivo
y que algunos futuros se escriben con lápiz borrable.
Gracias por las noches que conté estrellas imaginarias
porque las reales no alcanzaban para llenar el espacio
que dejaste al irte sin hacer ruido,
como quien cierra un libro y no vuelve a abrirlo nunca.
Gracias por nada,
de verdad.
Porque en esa nada tan completa
aprendí a ponerle nombre a lo que sí queda,
yo,
entera,
aunque con algunas piezas todavía desajustadas.
Y ahora que el vacío ya no asusta,
sino que respira conmigo,
te devuelvo el gracias
como quien devuelve una prenda que nunca le quedó bien.
Toma.
Quédate con tu nada.
Yo me quedo con la mía,
que ya empezó a florecer.
Gracias: por nada
(continuación)
Viniendo de ti, el gracias quedan grandes
y el nada es el todo.
Así es que atribuirle las gracias a un desamor
sería ineficaz, casi ridículo,
cómo darle las gracias al desierto
por no haberte dado agua.
No podría agradecer algo de lo cual
no fuiste capaz de regalar,
porque no se da si no se tiene
y en tu pecho solo habitaban
ecos de promesas
que ni siquiera llegaste a pronunciar.
Gracias por nada, entonces,
pero no por lo que no diste,
sino por lo que me obligaste a darme a mí misma
cuando entendí que el amor no mendiga
ni se conforma con migajas de atención.
Gracias por la ausencia que me enseñó
a no pedir permiso para existir entera,
por el silencio que me devolvió mi propia voz,
por el vacío que terminé llenando
con mis propios colores,
con mis propios ruidos,
con mis propios amaneceres sin esperar el tuyo.
No te agradezco el daño,
te agradezco la lección de no confundirlo
con amor.
Y ahora que el gracias ya no te cabe,
me lo quedo yo.
Pequeño, tibio, mío.
Un gracias chiquito pero verdadero
por haberme mostrado
que lo más valioso
nunca estuvo en tus manos.
Quédate con tu nada.
Yo me llevo el todo
que construí mientras vos mirabas para otro lado.
Víctimas o victimarios
se reúnen bajo el mismo juego,
en la misma mesa redonda de espejos rotos,
donde cada quien elige su máscara
antes de sentarse.
Uno llega con el pecho abierto,
sangrando agravios antiguos,
“mira lo que me hicieron”, dice,
y el otro asiente, comprensivo,
mientras afila en silencio
el mismo cuchillo que usó ayer.
Se sientan frente a frente,
pero en realidad están espalda con espalda,
girando en círculos,
turnándose el rol sin aviso:
hoy víctima, mañana verdugo,
pasado mañana juez y parte.
El juego no tiene ganador,
solo turnos eternos.
Porque el verdadero truco
es que nadie quiere bajar del tablero:
ser víctima da derecho a reclamar,
ser victimario da poder de castigar.
Y así siguen,
repartiéndose el dolor como naipes marcados,
acusando, perdonando a medias,
volviendo a herir para no sentir tanto
el peso de su propia herida.
Hasta que uno, cansado,
tira las cartas al piso y murmura:
“¿Y si dejamos de jugar
a ver quién sangra más lindo?”
Pero el otro sonríe, triste,
y baraja de nuevo:
“Sin este juego… ¿qué nos queda?”
Amor, gracias por nada…
o por todo lo que duele igual.
¿Seguimos la partida
o quemamos la mesa juntos?
jueves, 15 de enero de 2026
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miércoles, 14 de enero de 2026
Escribir desde la grieta: notas sobre La suma de las señales
domingo, 24 de marzo de 2024
Creación
sábado, 23 de marzo de 2024
Dimensión
Somos más que lo que decimos
No somos mujeres
Solo somos la acción que generamos
Cierras la puerta y de nada te pierdes
Somos arena
Salitre desintegrando la esencia de la palabra
Aprendes de tus propios actos y sus consecuencias
Pernoctas en las llamaradas del infierno
No somos niños
No somos niñas
Solo la efímera presencia de lo que no es...
Silencio de viento y fango
Encrucijada
Arena y sangre
Consciencia